El resultado es un sistema de dos niveles: uno gobernado por reglas y otro por la opacidad

El Consultative Shipping Group (CSG), que agrupa a 18 de las principales naciones marítimas del mundo, entre ellas España, ha advertido de que las guerras, las interrupciones del tráfico en pasos marítimos estratégicos, las medidas comerciales discriminatorias y la expansión de la ‘flota fantasma’ están erosionando las reglas internacionales que sostienen el transporte marítimo. A su juicio, esta situación amenaza con fragmentar los mercados y elevar los costes para empresas y consumidores.
Además de España, el grupo reúne a Alemania, Bélgica, Canadá, Corea del Sur, Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, Italia, Japón, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Singapur y Suecia. En su declaración conjunta, titulada ‘En defensa de la libertad de navegación’, recuerdan que más del 80% del comercio mundial se transporta por mar.
El CSG considera que el transporte marítimo debe tratarse como una infraestructura crítica para la economía y para la seguridad alimentaria y energética mundial. La pandemia de covid-19, la guerra de Ucrania, la sequía que limitó los tránsitos por el canal de Panamá y los conflictos en Oriente Próximo han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las cadenas de suministro.
“Estos no son episodios aislados, sino señales de un cambio estructural en el entorno operativo del comercio mundial”, señala el comunicado. Las rutas marítimas se utilizan cada vez más como instrumentos de presión geopolítica, mientras la incertidumbre sobre el futuro acceso a determinados puertos o rutas dificulta la planificación comercial y las decisiones de inversión de las navieras. El estrecho de Ormuz constituye el ejemplo más inmediato de los riesgos asociados al cierre o la restricción de un paso marítimo estratégico.
El grupo también cuestiona la proliferación de normas nacionales y regionales divergentes. “La fragmentación de las reglas conduce directamente a la fragmentación de los mercados y, en última instancia, a mayores costes para las empresas y los consumidores”, afirma.
Otra de las principales amenazas identificadas es la expansión de la denominada ‘flota fantasma’. Cientos de buques operan al margen de los sistemas convencionales de seguros, seguridad y transparencia para eludir sanciones, principalmente las impuestas a Rusia e Irán. Estimaciones del sector sitúan esta flota en más de 1.500 petroleros, que en conjunto representan cerca de una quinta parte de la capacidad de la flota mundial de este tipo de buques. “El resultado es un sistema de dos niveles: uno gobernado por reglas y otro por la opacidad, que termina debilitando a ambos”, advierte el documento.
Las 18 naciones sostienen que la respuesta no pasa necesariamente por aprobar más normas ni por acumular actuaciones unilaterales, sino por alinear y aplicar de manera uniforme las normas internacionales ya existentes. El comunicado cita expresamente la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), incluidos los derechos de paso inocente y en tránsito, y reivindica a la Organización Marítima Internacional (OMI) como “foro central para elaborar normas mundiales que garanticen la libertad de navegación, la seguridad y la libre competencia”.
El CSG pide una aplicación coherente de las reglas entre jurisdicciones, mayor intercambio de información y respaldo político a las instituciones multilaterales. “Cuando se fragmentan las cadenas de suministro marítimas, la economía mundial se fragmenta con ellas”, concluye.
