
Arabia Saudí ha cerrado su oleoducto Este-Oeste tras los ataques con drones sufridos por dicha infraestructura el 11 de septiembre. El cierre supone dejar fuera de servicio la principal vía alternativa del reino saudí para sus exportaciones petrolíferas ante las graves restricciones al tráfico por el estrecho de Ormuz. El oleoducto, de unos 1.200 km, conecta los campos petrolíferos cercanos a la costa este saudí con el puerto de Yambú, en el mar Rojo.
Durante los últimos meses, el oleoducto ha transportado alrededor de 4 millones de barriles diarios (Mbd), equivalentes a cerca del 4% de la oferta mundial de petróleo, según Reuters. Las cargas efectuadas en Yambú se habían recuperado hasta unos 3,7 millones de barriles diarios a comienzos de septiembre.
Según diversas fuentes del sector, las existencias disponibles permiten mantener las exportaciones entre cinco y siete días. Riad también dispone de crudo almacenado en las terminales egipcias de Ain Sukhna, en el mar Rojo, y Sidi Kerir, en el Mediterráneo, pero estas reservas tampoco pueden sustituir de forma prolongada el suministro del oleoducto. Las estimaciones sobre las reparaciones hablan de cinco o seis semanas, aunque podría estar parcialmente operativo en pocos días, mientras se llevan a cabo.
Para el transporte marítimo, una interrupción prolongada puede alterar los programas de carga y el posicionamiento de los petroleros, aumentar los desvíos e incrementar la presión sobre los fletes. A ello se suma el deterioro de la seguridad en Bab el-Mandeb, que añade riesgos a la salida desde el mar Rojo hacia el sur. Bajo estas circunstancias, los fletes de los petroleros de mayor porte, los VLCC, están alcanzando niveles récord por el aumento de los costes y las distancias de navegación.
