
La escalada de ataques contra buques mercantes en Oriente Medio y el mar Negro ha dejado 17 fallecidos y más de 25 heridos desde el 11 de julio. A los ataques iraníes en el estrecho de Ormuz y rusos en aguas de Odesa se suma la reanudación de las operaciones hutíes contra buques vinculados a Arabia Saudí en torno al estrecho de Bab el Mandeb, en el mar Rojo.
El 11 de julio fuerzas iraníes atacaron el portacontenedores GFS Galaxy, de pabellón chipriota, a nueve millas de la costa omaní. Un proyectil no identificado alcanzó la popa y provocó un incendio en la cámara de máquinas, obligando a la tripulación a abandonar el buque. La Armada de Omán rescató a 23 marinos y posteriormente se conocía el fallecimiento de un tercer oficial de máquinas indio que se dio por desaparecido.
Días después, en la madrugada del 14 de julio, los petroleros emiratíes Mombasa B y Al Bahiyah fueron alcanzados por misiles de crucero iraníes en la vía sur del estrecho, dentro de aguas territoriales de Omán, con el resultado de un marino muerto y tres heridos de gravedad en el primero, y otros once heridos en el segundo, que tuvo que ser abandonado. La lista oficial de la OMI añade otros dos heridos a bordo del Kaifan, un petrolero de productos kuwaití atacado y abandonado el 20 de julio cerca de Limah (Omán). Hasta el 21 de julio, se contabilizaban 61 incidentes y 17 marinos fallecidos en Oriente Medio. El JMIC (Joint Maritime Information Center) mantenía el nivel de amenaza en “severo” y había registrado once ataques iraníes contra buques desde el 25 de junio.
Sin embargo, el balance más grave de los últimos meses se concentra en el mar Negro. El 13 de julio, un ataque ruso contra un mercante de pabellón togolés que descargaba fertilizantes en la región de Odesa mató a cinco tripulantes e hirió a otros diez, según informó el viceprimer ministro de Ucrania, Oleksii Kuleba.
Seis días después, tres misiles de crucero rusos alcanzaron al Golden Leo, un granelero de pabellón de Guinea-Bisáu, cuando salía de Chornomorsk con una carga de maíz. Murieron nueve tripulantes indios y sirios y un práctico ucraniano; ocho marinos fueron rescatados y al menos un ciudadano indio quedó herido de gravedad. El buque terminó hundiéndose frente a Odesa el 26 de julio.
La amenaza se ha extendido además al mar Rojo. Los hutíes declararon el 20 de julio un bloqueo contra buques de intereses saudíes, estadounidenses e israelíes y reivindicaron ataques con misiles y drones contra los petroleros Encelia y Layla. El Encelia, fue alcanzado a unas 70 millas al suroeste de Al Shuqaiq (Arabia Saudí) y sufrió un incendio en la proa, pero la tripulación pudo ser rescatada.
Posteriormente, el 24 de julio también fue alcanzado el petrolero de productos NCC Masa, de bandera saudí. Sufrió daños menores en el casco y continuó viaje con la tripulación ilesa. Ninguna organización ha reivindicado el ataque. La consultora de seguridad Windward calcula que alrededor de 158 buques presentan exposición potencial a los criterios de selección hutíes y que la actividad de petroleros con el AIS apagado en el mar Rojo saudí ha aumentado un 144%.
El secretario general de la OMI, Arsenio Domínguez, ha condenado de forma reiterada los ataques contra buques comerciales y contra marinos expuestos a conflictos «por circunstancias geopolíticas fuera de su control». «Ningún marino debería arriesgar su vida simplemente por hacer su trabajo», afirmó, antes de insistir en que “los marinos nunca deberían convertirse en víctimas de conflictos de los que no forman parte”. El Consejo de la OMI reclamó el cese inmediato de los ataques contra la navegación comercial y recordó la obligación de proteger a los marinos, garantizar la libertad de navegación y respetar el derecho marítimo internacional.
